La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco

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LA VERDADERA HISTORIA DE LA MUERTE DE FRANCISCO FRANCO

Testua:

Max Aub. Bertsioa: José Ramón Fernández.

Antzezlea:

Alfonso Torregrosa.

Zuzendaritza:

Laura Ortega.

Ignacio Jurado Martinez, Café Españoleko ostatuzain izandakoa, ia bereak emanda dago arren, erdi buru soil, erdi gor, beti bezain kementsu besteen berbaldietan eskua sartzerakoan, egunero dator beste kafe honetara bere benetako istorioa kontatzera.
Inoiz kontatzera ausartu ez zena, alegia, exiliatu espainiarrez eta euren Franco gora eta Franco beherak gogaitutako tabernariarena, nor bere tabernako sosegua berreskuratzekotan, Españara joango den Franco akabatzeko asmoz.

El humor de Max (José Ramón Fernández)

He escrito en muchas partes que Max Aub (París, 1903 – México, 1972) es uno de los cimientos de mi idioma, con Cervantes, Galdós y Delibes. Su escritura ha sido para mí una aguja de navegar, un modo de aprender a pensar y sentir escribiendo. En aquella primavera horrible de la pandemia, Alfonso Torregrosa me llamó para proponerme adaptar La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco, un cuento de humor publicado por Max Aub en México en 1960. Habíamos trabajado muy bien juntos con el proyecto de El laberinto mágico, en 2016, así que esto casi era una consecuencia de aquel encuentro. Con aquel antecedente que había salido tan bien, teníamos la confianza de Teresa, la nieta del escritor y hoy presidente de la Fundación Max Aub. A estos mimbres tan atractivos se unió otro más: la dirección a cargo de Laura Ortega, que viene mostrando talento y oficio, paciencia y pasión, en todos sus trabajos.
La verdadera historia… es una de las muchas pruebas del acerado humor de Max, como su Manuscrito cuervo, sus Crímenes ejemplares, o la broma magnífica de Josep Torres Campalans. Este cuento de apenas veinte páginas nos presenta a un camarero mexicano harto de lo pesados que son los exilados españoles, todo el día dale que dale con la guerra. No encuentra otra solución que viajar a España con la intención de matar a Franco y así recuperar la tranquilidad amable de su café viejo y tranquilo. Hablo de humor: hay que tenerlo para ver morir a tantos amigos, salir al exilio, a los campos de prisioneros de Argel, cruzar el océano tal vez para siempre y, después de veinte años de destierro, bromear con los exilados y con el general que rompió sus vidas. Aub no sabía, cuando se publicaba este cuento, que no podría regresar a su país para enterrar a su madre; que moriría en México, la tierra bendita que lo acogió.
La vida rima: la propuesta de Alfonso me había pillado esta vez con los deberes ya terminados. Un par de años antes, había preparado la versión para la escena de este cuento. Lo hice para mi viejo amigo Paco Torres, que finalmente no encontró la salud y las ganas necesarias para ponerse a ello.
Paco es uno de los amigos que se me ha llevado esta maldita peste de 2020.
Quiero aprovechar este escrito para no olvidarlo. Y a todos. Y a Max.

Tomarse un café con un asesino (Laura Ortega)

Soy de aquellos a quienes les gusta quedarse
hasta tarde en el café -dijo el camarero de más edad-,
con todos aquellos que no desean irse a la cama;
con todos los que necesitan luz por la noche.

Un lugar limpio y bien iluminado de Ernest Hemingway

Los cafés, lugares eminentemente modernos, son sitios de cuando se podía perder el tiempo, hoy en día una mercancía cara. A este Café Español, adonde afluían los republicanos españoles exiliados en el DF, nos devuelve la nostalgia de uno de sus antiguos empleados. Ignacio García Jurado, sonorense, de profesión mesero, es un héroe involuntario, asesino confeso de Francisco Franco. El instigador de este crimen, Max Aub, lo sitúa como protagonista de una delirante historia, mitad hazaña inventada, mitad crítica áspera de la deriva que prolongaba el nostálgico fastidio de los emigrados y la propia dictadura a ojos del autor.
El espectador —el lector del relato original— comprende así la desgracia que, en 1959, transcurridos veinte años desde el final de la contienda, anidaba en las horas de interminables discusiones entre los transterrados, como los llamaba José Gaos. No hay épica en la derrota, solo barullo, y el recuerdo de un mundo, ya perdido, como el de los cafés de antaño.
Max Aub fue un nostálgico impenitente, aunque en esto también era distinto de muchos otros exiliados. En La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco nos invita a mirar de frente a quienes alguna vez desafiaron su destino con una faena heroica, si bien inservible. Ignacio García Jurado es un camarero orgulloso de su oficio, acostumbrado a escuchar las conversaciones de la parroquia, día tras día. El tacto de las mesas de mármol, los matices de las palabras, dan la idea de un lugar, el café, que la presencia de los exiliados acaba convirtiendo en casa de empeño. Allí se esfuerzan en dar sentido a su espera, discutiendo entre ellos, como los propios españoles tras el asesinato de Franco, mientras el camarero trata inútilmente de acallarlos.
A pesar de ser un ladrón de conversaciones ajenas, hay una historia que tiene pendiente contar: la suya propia.
Este espectáculo dura el tiempo de un café.

Ostirala 14, Maiatza 19:00
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Larunbata 15, Maiatza 19:00
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