
NADIE SABE LO QUE SUFRE UN CARACOL
Ciclo de compañías emergentes con una destacada voz de creadoras que están redefiniendo el panorama escénico. A través de sus propuestas audaces, abordan temas contemporáneos que desafían convenciones y celebran la diversidad y complejidad de nuestras realidades.
Una plataforma para el talento emergente y una oportunidad para fomentar el diálogo y la reflexión en torno a las artes escénicas.
Clara Chacón.
Clara Chacón, Graciela Doniz.
Alessia Cartoni.
Graciela Doniz.
Sara Sierra
Gabriel Piñero.
Koldo Olabarri.
Castellano.
Esto no es un recital de poesía, no es una lectura dramatizada; no es un show ni un espectáculo, tampoco es teatro. Esto es una invitación a mi casa, a mi cuerpo, al cuerpo de todas las mujeres: al cuerpo de mi madre, de mi hermana y de mis amigas. Es abriros las puertas del escritorio de mi cuarto, de mi soledad, de la nevera vacía y, a veces, de la nevera llena de comida de mi abuela. Esto es mi salita de estar, mi mesa camilla y a ratos mi cuarto oscuro: lo que no quiero que se vea, lo que escondo, todo lo que no dije y quise pronunciar.
Esto no es un recital de poesía. No es una lectura dramatizada. No es un show, ni un espectáculo, tampoco es teatro. Esto es una invitación a mi casa, a mi cuerpo, al cuerpo de todas las mujeres. Al cuerpo de mi madre, de mi hermana, de mis amigas. Es abriros las puertas del escritorio de mi cuarto, de mi soledad, de la nevera vacía, y a veces de la nevera llena de comida de mi abuela. Esto es mi salita de estar, mi mesa camilla y a ratos mi cuarto oscuro, lo que no quiero que se vea, lo que escondo, todo lo que no dije y quise pronunciar.
Este proyecto nace de la necesidad de llevar al escenario las palabras de mi segundo libro Lo que quedará mañana en un no recital que invita a la reflexión. Lo llamo -no recital- porque hemos creado un texto teatral que invita a la reflexión de cualquier mujer. A las preguntas sin resolver. A las contradicciones internas. Siempre he pensado que el teatro me llevaba a hacerme preguntas, y la poesía me ha invitado (a veces) a responderlas y a ordenarlas dentro de mí. Por eso quiero sacarlas del papel, para que se hagan visibles y escuchadas.
Que los gritos y los susurros sean expandidos fuera de la página. Porque, como decía Lorca, “el teatro es la poesía que sale del libro para hacerse humana”.
Mi profesión de actriz me impulsa a interpretar estos textos. Darles movimiento, acción, que sean dirigidos a un otro. A la diana de Donellan. Para así también, tener un encuentro con el de enfrente, con el público, con la mirada de fuera.
Un segundo personaje y la dramatización de estos textos hacen del espectáculo un encuentro teatral, donde el personaje principal interactúa con su otro yo, con la voz interna de la exigencia, su pepito grillo interpretado por Graciela Doniz.
Trabajaremos con un espacio casi vacío, una escenografía sencilla con elementos simbólicos que evocan mis lugares de intimidad. Como, a momentos, mi casa, mi cuerpo, están en ese vacío fértil. Incómodo pero creativo.La sal, hace referencia a un ritual. Y la espiral del caracol al caparazón donde se encierra el cuerpo.
Un juego de luces discreto, casi invisible, reforzará la palabra.
Mediante la proyección de imágenes se abrirá una ventana a momentos vividos que contienen la inspiración y la esencia de este proyecto.
No camino sola. Me acompaña en escena Graciela Doniz, quien interpreta, canta y crea la música original de la pieza. Ella es un personaje más de la función.
En la dirección se encuentra Alessia Cartoni, quien guía todo el movimiento escénico y la interpretación.
Sara Sierra diseña la escenografía con mimo y se encarga de la ayudantía de dirección.
Todas ellas empujan hacia el mismo horizonte creando un ritual escénico en el que podremos vivir una rave, una muerte, una despedida y una liberación. En definitiva, un viaje teatral cargado de memoria, música y movimiento.